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El adolescente hoy

En nuestra modernidad, caracterizada por un declive del padre y del valor de la palabra, de las normas, como así también de la caída de ideales que otro hora eran referentes a seguir, el psicoanalista está llamado a leer la subjetividad de su época y estar presto a interpretarla, esto es, hacer desde su función un lugar posible para aquellos adolescentes que estén necesitados de inventarse un modo propio de tornarse más vivible la vida. Del mismo modo que en tiempos atrás, un padre o un profesor o un tío podían representar para un adolescente una transmisión, una orientación a seguir, hoy nos confrontamos con adolescentes que carecen de tales referentes en algunos casos, y otros, que aún teniendo los propios no obstante no los encuentran valorables. Presentan un descreimiento respecto de los adultos que intentan guiarlos, no se sienten representados, ni entendidos. En otros casos, la familia se encuentra desorientada en cómo hacer con ese adolescente que les resulta ajeno. El adolescente hoy es evaluado, medido, examinado a partir de su conducta, se le requiere adaptación y si no lo logra resulta marginado, segregado. El sistema capitalista exige que rinda y que encaje, de lo contrario su existencia misma resulta cuestionada. Ahora bien, el psicoanálisis restituye la dimensión subjetiva del adolescente, esto es, considera que algo tiene para decirnos, hay un valor en aquello que cada adolescente tiene para contarnos, en cómo vive la metamorfosis de su pubertad, el despertar de su sexualidad y el encuentro con el otro sexo. Cómo es afectado y atraviesa la separación de sus referentes más cercanos, entre otras cuestiones. El mundo de la niñez se le acorta rápidamente y se abre paso todo lo que se espera de él. En esta época, nuestra apuesta como psicoanalistas se afirma: orientarnos por lo inconsciente, que permite la invención, la creación y la posibilidad de armar una ficción que genere posibilidades de saber hacer, haya o no haya padre, sean familias monoparentales, recompuestas, homosexuales, y/o adoptivas. Nuestra orientación no es por lo que no hay, sino por saber hacer con lo que hay y que le permite ficcionar: la palabra. El psicoanálisis surge entonces como aquel espacio que le otorga a cada joven una posibilidad para inventar lo propio. Lejos de toda nostalgia, se trata de sostener un optimismo radical: su eficacia a través de la palabra en el trabajo con cada adolescente.