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Las marcas del silencio

El silencio en sí mismo no es un problema. Incluso hay ocasiones en las cuales es esencial, por ejemplo, cuando un niño está construyendo pensamientos propios, es fundamental que el adulte no lo tape hablando por él, sino que, le provea un silencio productivo en donde el niño logre armar lo propio.

Ahora bien, es frecuente lleguen a consulta  jóvenes que han sufrido abuso sexual en su infancia, decididas a romper el silencio. En algunos casos, esos silencios han durado años. Y justamente lo que comienza a emerger en las entrevistas es la repetición de alguna o algunas marcas que dejó el permanecer en silencio. En algunos casos esas marcas son trazos que afectan al cuerpo, en ocasiones algo psicosomático aparece, en otros, los tan conocidos cortes, siendo que en otros casos la marca es una sutil palabra que se repite en el discurso de quien nos viene a hablar. Una traba, una marca que opera como trauma en los lazos afectivos.

¿Qué característica tienen esas marcas relativas a un silencio? Son marcas que duelen y se sufren como el mismo momento en que el episodio angustioso sucedió. Es como si estas marcas impidieran captar el paso del tiempo y conminan al sufriente a revivir una y otra vez esa dolorsa vivencia.

El encuentro con un psicoanalista permite que, al hablar de esas marcas, el dolor que en ellas se enquista pueda empezar a ceder, brindándole al paciente una nueva chance de hacer otra cosa con esa huella del trauma. Le hace posible despegar de lo sucedido para pasar a tener una vida más vivible.